Se nace hombre o mujer, es decir, con un sexo
determinado que se desarrolla para que pueda realizar ciertas tareas
biológicas que son distintas para los hombres y las mujeres
en lo que se refiere a la reproducción. Pero también
nos desarrollamos como personas con identidad sexual recibiendo las
indicaciones del mundo que nos rodea sobre como “son o deben
ser” los hombres y las mujeres, como deben comportarse, relacionarse
entre sí o enfrentar la vida.
La identidad sexual se refiere a como las personas se perciben
y se identifican como seres sexuales, ya sea como hombre, como mujer
o una mezcla de ambos. La identidad sexual se inicia desde la concepción
cuando se define el sexo biológico masculino o femenino.
Durante el embarazo, las madres y padres se preguntan de que sexo
será su futuro hijo/a y comienzan a elaborar un ideal o imaginario
de cómo será su físico, su carácter
y su personalidad, e inclusive que profesión o trabajo desempeñara.
Después del nacimiento, la identidad sexual se va construyendo
y modelando, dependiendo de múltiples factores, como la relación
con la madre, el padre y/o ambos, la familia, la escuela, los/as
amigos/as, los medios de comunicación y el ambiente social
y cultural en el que se vive. Todos estos factores influyen en como
se va aprendiendo a ser mujer y hombre ya que las niñas y
los niños reciben diferentes mensajes que les transmiten
lo que es femenino y lo masculino. Esto no tiene necesariamente
que ver con las funciones biológicas, sino con las ideas
y valores de nuestra cultura.
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